Me llegó a doler tanto en aquellos días mi corazón que por dentro gritaba de dolor, pedía que cerrase sus puertas, que no entrase ni el aire de los pulmones, que solo las venas fuesen la comunicación hacia el, no me quedaba otra que cumplir sus plegarias entre lagrimas de sangre, por la traición que recibió.
El eco de su risa se apagó entre sus latidos mientras se cerraba el templo de mis sentimientos, como el frío lo mataba mientras permaneciese abierto, era tan fuerte el dolor que lo sentía dentro de mi golpearse contra el muro de la impotencia, con cada segundo que pasaba mas se helaba la sala que llamamos corazón, el invisible salón del alma.
Ha pasado cierto tiempo, una pequeña calidez en mi me llama como si fuese un susurro, así que lo decidí, irrumpí con un fuerte golpe a la entrada de mi yo interior, con la mirada fijada en mi fría sombra en las profundidades de todo lo que fui, al empezar a abrir los ojos de nuevo no pude retenerme y golpee con mi puño a ese espejismo que me encontré y con un fuerte grito me nombre: ´´TE CREÍA MAS FUERTE´´, y mientras se levantaba esa copia., nos fuimos sonriendo los dos, el mientras se levantaba y se marchaba, yo al contrario, acomodándome y sentándome. Al llegar a la puerta le pedí que cerrase, pero no echase la llave, entonces fue cuando mis ojos volvieron a tener el verde de aquel entonces, años atrás, con la misma ilusión de conocer la verdad, la ilusión, la bondad, la habilidad de hacer el bien a los demás, y por supuesto las ganas de conocer alguien que abra esas puertas para conocer al verdadero y único yo, el que nunca se marchó, simplemente en un laberinto al corazón se perdió.

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