Un día, una trampa de osos atrapo una de las patas de aquella loba del que el pequeño lobezno no se quería separar, fijándose en la manada, como se marchaban sin mirar atrás, la hembra esperaba que el pequeño se marchase igual, pero.., se puso a morder con cuidado el hierro del cepo deseando lograr abrirlo, sin detenerse, hasta que la loba se sumergió en un profundo sueño. Al despertar, asustada la loba busco a sus alrededores porque se encontraba sola, aunque su preocupación se esfumó al percatarse que volvía con una liebre entre sus fauces para compartirla con ella, la loba se extrañaba, toda la manada se marchó y el se quedo a su lado, en noches frías se echaba encima para darle calor y le llevaba presas para alimentarla.
Pasaron unos seis días así en los que la herida de la loba había empeorado, entonces, entre los arbustos, dos humanos aparecieron, con ropas sencillas, no parecían cazadores, el pequeño lobo empezaba a gruñir con fuerza, mostrando sus colmillos, pero uno de los dos hombres, se acercaba con cuidado a la loba abriendo el cepo y poniendo vendas en su patita, en mientras el lobezno se sentó junto al humano, meneando sin cesar su cola mostrando alegría.
Tras unas horas la loba que podía ponerse sobre sus cuatro patas, caminó acercándose al pequeño lobo y entre suaves golpes entre sus hocicos se miraron de una forma diferente y tras eso, se marcharon juntos, sin seguir a ninguna manada, teniéndose el uno al otro y rompiendo las leyes de lo que los humanos llaman ´´lo animal.´´.
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