Eran miles de luces, y todas quemaban,
eran como demonios que a mi valentía espantaban.
Una luz tenue, cálida y suave se acercaba más y más a mi,
que miedo sentía, no quería sentir mi piel arder otra vez,
pero este atisbo blanco rozaba mi mano, traía calor, pero no quemaba.
¿Acaso me estaba pidiendo algo?
Me armé de valor, porque quien no arriesga no gana.. y entonces,
agarre aquella luz, todo se hizo oscuridad, luego amaneció,
todas las luces que me mataban se habían dormido,
y tu estabas de mi mano pidiéndome pasear.
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