Mi madre sonreía con una cara que me hacía plantearme lo patético que quedaba diciéndole todo eso ya que según ella mi cara demostraba varias cosas buenas de ella en mi aunque fuesen un mínimo que va creciendo. La verdad es que se me notaba todo lo bueno que diría de ella, por eso tal vez me miraba así, porque hable lo que hable me quedo corto.
Empezaría por la sorpresa de cuando me habló, inesperado, más aun que yo respondiese, la primera vez que nos conocimos, un almuerzo que se cortaba la vergüenza con un cuchillo, los paseos entre clases, días fríos pero el sol presente, aunque la verdad, no recuerdo si hacía frío ¿En que estaría pensando? Los cafés mientras bromeábamos, nos conocíamos, las charlas antes de dormir a través del ordenador, eso mientras perdíamos o ganábamos juntos jugando a algún videojuego, entonces le contaría el momento en el que se me aceleró el pecho de tal manera que ganaría todas las carreras si las hubiera, era ese momento de despedirse con dos besos y tras dar uno.., el segundo se hizo en silencio y no fue en la otra mejilla, sin buscarlo, deseándolo y encontrado. Tras eso cada detalle que intenta para mi, sus ganas de que esté en su vida y la forma en la que me trata.., son únicas y mutuas, aunque con esos ojos y esa sonrisa es ella la que siempre me gana.

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