jueves, 21 de mayo de 2015

Hoy eres una marca en la piel que habita mi alma.

Vuelvo a mirarme la mano y sigue tan temblorosa, rojiza y fría como el primer día que en el que me taponaba como podía esta enorme herida, que cuchillo de doble filo tan bonito, por el que merecía la pena cortarse una y otra vez, compartiendo demonios, amándolos, haciéndolos mirar como nos besábamos. Sabía que podría pasar, que podría suceder, una visceral puñalada, perforar y marchar, simple y sencillo, escuchando tus pasos mientras intentaba parar el sangrado, mirando como se manchaba mi mano, imposible de olvidar ese dolor y como no cicatrizaba, como de grande era el corte que se hacía...
Hoy una vez más miro esta cicatriz, con añoranza, con una sonrisa y con la fuerza de supervivencia que le tuve, aun así, estoy más que satisfecho, porque si tanto me doliste es por lo tanto que me importaste.
Esa sangre eras también tu,
que habitabas dentro de mi corazón,
el te bombeaba fuera de mi,
y yo quería detenerlo por ti.

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