jueves, 19 de marzo de 2015

Vale la pena, superar cada una y todas las tormentas.

Desde pequeños aprendemos, aunque tarde, cuando nos damos cuenta ya han roto el caparazón de nuestro corazón, ya lo han tirado por los aires, lo han pisoteado, golpeado, atravesado.., nos damos cuenta cuando el tiempo ya no puede ir más atrás, y nos gustaría gritar hasta quedarnos afónicos, hasta escupir sangre y ahogarnos en ella para olvidar...
Valiente cobarde he sido yo en el pasado, que mi refugio eran los libros acompañado de la música, pero de repente, aparecen personas que golpean en tu punto débil con más fuerza, con más ganas y con más coraje que nadie. Ese dolor es tan dulce y placentero que que acaricia las cicatrices en nuestro ser con suavidad y tacto, sentimos que nuestra piel pueda ser fría pero por dentro la temperatura se dispara, alzamos la vista y corremos para ponernos al lado de quienes nos han obrado el milagro sin pedir nada a cambio.
Tu serías mis pasos y yo tu calzado,
sentiré por ti el camino y tu el como te abrazo.
Desde un saludo, hasta una despedida, desde sentir como se nos aceleran los latidos e incluso como sentimos ganas de no irnos. Se supone que somos criaturas que existen para nacer, crecer, reproducirse y morir, pero, tarde o temprano, por muy fríos que seamos, por más que neguemos.., acabamos sonriendo por alguien, sea por una persona familiar, una amistad o alguien que nos enamore, solo hay que esperar aunque duelan las tormentas que vinieron y las que vendrán, porque según se dice, valdrá la pena.

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